Pocas cosas me ponen de buen humor por las mañanas como el aroma de un café recién hecho y un pan recién tostado, listo para recibir mis toppings favoritos, como mantequilla, mermelada, jamón, queso, tocino, crema de cacahuate o nutella. No hay nadie que le diga que no al pan tostado en el desayuno (o en la comida, o en la cena) pero, ¿sabes cual es el secreto para obtener rebanadas perfectas? De esas que no se apachurran cuando les embarras la mantequilla, o que no pierden su interior suave ni su exterior crujiente?
No lo creerás. El secreto de un pan tostado increíble es tu congelador.

Sí, no es el tostador, ni el tiempo de tostado. ¡Es congelarlo!

Pero atención: la clave es no perder el tiempo con pan de mala calidad. La ventaja de congelar el pan es que puedes comprar hogazas de buena calidad, que son precisamente las que menos duran en la cocina, y disfrutarlas durante toda la semana. (O todo el mes si tu amor por el pan tostado es muy grande).
Los panaderos profesionales podrán levantar la ceja ante esta recomendación; congelar una hogaza de pan entero es una de las mejores formas de preservar su calidad. Pero la conveniencia de tener el pan rebanado es que no lo tienes que descongelar todo. Simplemente sacas el número de rebanadas que necesitas para un día, y listo! Lo metes directamente del congelador al tostador y la textura perfecta será tuya.

Este tip funciona también con bagels frescos: no te conformes con los de paquete. Compra tus favoritos en la panadería, rebánalos en dos y mételos al congelador. La próxima vez que se te antojen, podrás disfrutarlos casi como si estuvieran recién horneados!
¿Listo para estrenar tu pan tostado? 

Comete un par de rebanadas, y ya sabes que hacer con el resto.
Y tu, ¿ya conocías este tip?


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