En México la fiesta de Todos los Santos se celebra a lo grande. Y uno de los dulces que se comen en diversas formas en todo el país es el pan de muerto, un pan con unos adornos de la propia masa que pretenden representar la calavera y unos huesos. Encuentro que es una fantástica forma de celebrar esta fiesta.

Según cuentan las lenguas de doble filo, el pan de muerto se origina en la época de la Conquista de Méjico por los españoles, inspirado en rituales prehispánicos que, como en muchos otros casos, se asimilaron con festividades cristianas. La masa es una masa enriquecida con azúcar, huevos y mantequilla, parecida a la del roscón de Reyes.

«El pan de muerto tiene un significado, su forma circular representa el ciclo de la vida y la muerte, la bolita superior es el cráneo, las cuatro canillas representan a los huesos y también están colocadas en forma de cruz para hacer referencia a los cuatro rumbos del universo o los cuatro puntos cardinales, cada uno dedicado a un dios distinto: Tezcatlipoca, Tlaloc, Quetzalcóatl y Xipetotec. Y por último, el sabor a azahar es por el recuerdo a los ya fallecidos.»


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